Es sedentario
aunque algunos individuos emigran, así como ocurre con la mayoría de especies sedentarias de alas fuertes y, a veces, se ven pequeños grupos, en primavera y otoño, volando con constancia a gran altura y realizando, en apariencia, un largo viaje.
Por lo general, forman pareja para siempre y permanecen en el sitio en que se reproducen.
Se aferra a su pedazo de tierra elegido
Pueden ser perseguidos por los cazadores, sus huevos tomados año tras año, la tierra dada vuelta con el arado y ellos, sin embargo, aún rehúsan irse. En regiones que tienen una superficie quebrada -colinas, bosques y huecos abrigados- las aves, es natural, se atan a un sitio pues cada localidad posee su propia fisonomía y los seres que la frecuentan adquieren un conocimiento de sus ventajas.
Se ven abrasadas por la sequía e inundadas por las lluvias en forma alternada, barridas por tormentas polvorientas en verano y fríos ventarrones en invierno; lo bastante violentos uno imaginaría, como para arrastrar toda criatura alada y borrar todo rastro de habitación. Repito, el poderoso vuelo de esta especie le permitiría realizar largos viajes, y si bien no se ven afectados por los cambios atmosféricos, la escasez de alimentos y de agua debería ser una tentación para lanzarlos en la búsqueda de nuevas regiones. Pero a pesar de todas las vicisitudes, el Teru-teru (queltehue) se aferra a su pedazo de tierra elegido.
Es alegre y le gusta jugar con sus amigos
Debo mencionar el singular hábito que posee esta ave, de asociarse en grupos de tres con el propósito de diversión o juego. Cada pareja, como ya he dicho, vive siempre junta en su sitio de tierra propio, lindo y bien definido, al que guarda con celo de los intrusos. Sin embargo. si se observa una pareja por un rato se verá otra ave -de una pareja vecina- elevarse y volar hacia ellos, dejando a su propia compañera que cuide la casa y, los otros, en lugar de resentirse por esta visita como si se tratara de una intrusión, le dan la bienvenida con notas y signos de manifiesto placer. Avanzando hacia el visitante, se ubican detrás de él.

Luego los tres, manteniendo el paso, inician una rápida marcha emitiendo fuertes y tamborileantes notas, rítmicas, de acuerdo con sus movimientos.
Las notas de las aves de atrás fluyen en un rápido torrente, mientras que la que dirige lanza notas fuertes y únicas, a intervalos regulares. La marcha cesa; el guía extiende sus alas mientras continúa emitiendo fuertes notas, en tanto que los otros dos, con el plumaje esponjado, parados justo de frente, se agachan hacia adelante hasta que las puntas de sus picos tocan el suelo y, disminuyendo sus voces hasta un murmullo, permanecen, por un instante, en esta singular postura. Luego la función termina; las aves retoman sus actitudes naturales y el visitante se va. No hay ninguna duda de que este despliegue no tiene ninguna relación con el instinto sexual, pues es gustado durante todo el año, a todas horas del día y también durante las noches de luna.
Extractado del libro Aves del Plata de Guillermo Hudson (1920)